Justo Serna
http://justoserna.bitacoras.com
Yo fui uno de los asiduos del famoso ‘blog’ de Arcadi Espada y lo que escribo ahora no es, no puede ser, la observación neutral de quien nada tuvo que ver. Les ruego, sin embargo, que sigan hasta el final... Tal vez encuentren entre las líneas de mi anotación, aunque sea de manera negligente, un idea atinada sobre dicha bitácora. No debo pedir perdón por ello, pero sí que me creo obligado a precisar mi discrepancia y mi objetivación, mi compromiso y mi distanciamiento.
Los ‘Diarios 2004’ que ahora aparecen en papel, editados por Espasa, son la continuación de un libro que con el mismo título obtuvo el Premio que dicha editorial concede en la modalidad de Ensayo y son la selección de lo que el autor fue anotando en su ‘blog’. Dice que esas palabras están concebidas como un cuaderno de bitácora que el periodista vuelca sobre la Red con el fin de hacer públicas sus reflexiones, sus observaciones de lo que la prensa trae. Con puntualidad, sobre las once horas, Espada muestra lo que ha ido columbrando, sus opiniones, con la esperanza de que seguidores, lectores, críticos o enemigos depositen también sus comentarios. Ese ‘blog’ ha sido un éxito de público: numerosas acotaciones, más de trescientas algunos días, enjuiciaron a lo largo de 2004 lo que el propio escritor evaluaba. Lo habitual era que esos debates electrónicos, muchos de ellos de gran ferocidad, tuvieran que ver con los dislates periodísticos de los que está aquejada la prensa, algunos desatinos para los que Espada sería indicador y flagelo. Una bulliciosa marinería de participantes se fue sumando a esta navegación diaria en la que alguien, en cubierta, avizora y sermonea arrebatado, sarcástico, críptico, y otros muchos, verdaderos esforzados, escriben lo que el autor llamó zalameramente ‘Nickjournal’, un diario de colaboradores, la populosa bodega de la embarcación.
Durante meses, a lo largo de 2004, frecuenté esa página, que se convirtió en una especie de navío y allí deposité mis comentarios ( como tantos otros) sobre lo que el anfitrión anotaba cada día o sobre la controversia directa o indirecta que entre los galeotes se suscitaba. Fue muy amable conmigo, hasta el punto de tolerar mis reproches. Repetidamente le fui manifestando mi decepción con el tono jactancioso, faltón, insultante que tan frecuente era allí: en principio, no tanto por lo que él escribía, sino por lo que sus lectores apuntaban. Pude mantenerme a flote durante meses, a pesar de que, como los personajes de Joseph Conrad, estuve soñando con la deserción. Finalmente, en diciembre de 2004 me despedí, después de haber contribuido con mis observaciones a lo que allí se decía o no se decía. Para entonces, yo ya estaba muy decepcionado de la experiencia. Varias eran las razones.
La primera: los multitudinarios comentarios que nada aportaban, sólo el cómputo vertiginoso de una estadística que mostrar a la editorial que le puso el ‘blog’. Decía Màrius Serra en ‘La Vanguardia’ (7 de junio de 2005) que el ‘Nickjournal’ del “famoso ‘blog’ del periodista Arcadi Espada (...) parece nutrirse de funcionarios que cada mañana chatean desde el ordenador de su puesto de trabajo”. Me parece una gran maldad aludir así a la tumultuosa proliferación de comentarios. Al fin y al cabo, que sean funcionarios no grava las cosas: simplemente no hay tantos comentaristas, sólo abundancia y desenfreno en el uso del ‘nick’, desdoblamiento de lectores, pues.
La segunda razón: el tono frecuentemente grosero, tosquísimo, de sus comparecientes más ruidosos y alborotadores, tan dados al insulto y al escarnio amparándose en el anonimato, en el alias. Dice Espada habitualmente que la participación en estos foros es algo así como una gran conversación. Me parece un error: cuando no hay igualdad conversacional, cuando algunos se amparan en el seudónimo para injuriar no hay razón comunicativa, sino estruendo y furia. Llamar conversación a la libertad de ultraje es un sarcasmo que no toleraríamos en la prensa: tampoco en la televisión, ni, por supuesto, en el cara a cara de la plaza pública.
La tercera razón: la deriva irritada del autor, alguien que habiendo empezado como azote del nacionalismo y crítico del periodismo acabó en mero valedor agraviado de Aznar y de su gestión, aquel que mejor ridiculizaba a Rodríguez Zapatero, como si éste necesitara a un severo censor que le recordara la impureza y la impudicia de su éxito electoral. Eso sí: todo ello hecho con la suficiente ambigüedad como para que los adversarios no encasillaran fácilmente al periodista entre los conservadores. Durante meses, aquel que había sido tan cáustico con sus propios colegas, aquel que había sajado con escalpelo la prosa del periodismo, se abstuvo de someter a Federico Jiménez Losantos a idéntica operación, por ejemplo. Me extrañaba y así se lo hice ver: que la ‘prensa socialdemócrata’ (‘El País’) pudiera ser vapuleada por Espada y que, sin embargo, el ruidoso locutor radiofónico escapara de sus juicios. Las referencias a ‘Libertad digital’ nunca fueron aparatosamente elogiosas (cosa que le habría condenado a ojos de los progresistas que aún le seguían), pero sí lo suficientemente ambiguas como para que el periodista de la COPE no lo tuviera por adversario declarado de quien vengarse.
La cuarta razón: la imprudencia intelectual del autor (y lamento decirlo así). Lo que empezó siendo audacia en el tratamiento de ciertos temas que rebasaban la competencia del periodista común acabó siendo temeridad, algo que yo le hice ver en repetidas ocasiones. Bastará el ejemplo del 26 de octubre de 2004 (desaparecido del libro), un día en que Espada podó una cita de Janet Malcom que reproducía fuera de contexto unas palabras de Jeffrey M. Masson en las que arremetía contra el psicoanálisis, como supuesta negación de la realidad, de Auschwitz en particular. Uno puede ser adversario de Freud, pero no puede manosear la revelación de un antagonista (confuso y narcisista) cuya declaración se hace ante una autora que no participa de esas exageraciones.
La quinta razón: lo que empezó siendo una prosa breve, refinada, una escritura que tendía en origen a la limpieza o a la economía verbal, al aforismo, al comentario escueto y desgarrado, incluso a la greguería afilada, se convirtió con frecuencia en vilipendio ocurrente y pura hipérbole, esa que alimenta el choteo y la incultura de lectores apresurados. Lamento expresarlo así, pero uno debe ser consciente de los efectos de lo que dice y de cómo lo dice.
Tengo en mis manos el volumen de Arcadi Espada 'Diarios 2004'. No sé: me parece un artefacto avispado, con trampa. A lo que parece, alguna gente que aún interviene en su ‘blog’ ha estado estos días rasgándose las vestiduras porque no aparece en el papel, porque el autor no da cuenta de las intervenciones que cada uno tuvo en su momento. El prosista no podía hacerlo, claro, porque en ese caso el volumen habría sido inacabable. Espada ha seleccionado algunos días de sus comentarios (no todos) y ha escogido una parte mínima del ‘Nickjournal’. Por lo que he visto, en cuanto a los primeros, elige lo que le resulta más cómodo y vistoso (luego de alguna manera incumple el precepto del buen diarista). En cuanto al ‘Nickjournal’, la representación es desangelada... A mí me reproduce varias anotaciones, cortadas, descontextualizadas (incumpliendo también el precepto deontológico del buen reportero), dando una imagen de su comentarista poco menos que estulta, necia. Tal vez, otros y yo quedemos mal sobre el papel, ahogándonos fuera de cubierta como desertores de la bodega. Pero el aura del Arcadi Espada más sutil se evapora y el personaje peligra si no aprende a bracear de nuevo, mejor.
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Comentarios
Més o menys és l’efecte que em produeix a mi. Aquest senyor va firmar no fa gaire un manifest que deia que a Catalunya es practicava la “pedagogía del odio”. La majoria de comentaris a què el blog d’Espada dóna sortida són alguna cosa pitjor que això. No veig pas que hi faci res en contra, al contrari – i hi tindria tot el dret.
Veo que ha pasado mucho tiempo desde los comentarios de anonimus.Me gustaria saber si a estas alturas del año 2008 tiene la misma opinión de uno de los intelectuales fundadores de Ciutadans.Se pueden poner muchos ejemplos de esta costra nacionalista,desde el soberbio de Pujol al españolito de Carod-Rovira.Sólo el ejemplo de Monica Terribas entrevistando a A.Otegui con cariño,preguntandole muy respetuosamente como si fuese alguien de categoria y otra entrevista a M.Rajoy muy impertinente,es otro de los muchisimos ejemplos de lo cobardes y sectarios que controlan televisión e instituciones.